Una palabra del Padre Eustaquio: Meditemos los sufrimientos de Jesús.

Una palabra del Padre Eustaquio: Meditemos los sufrimientos de Jesús.

Vivimos la semana más importante de la Iglesia Católica, la Semana Santa. Un tiempo de oración e intimidad con Jesús. Un texto escrito por el Beato Padre Eustaquio en 1943 ofrece una hermosa reflexión sobre este período que vivimos.

“El mundo vive una época de derramamiento de sangre, una época de lágrimas. Los hijos lloran por sus padres, y los padres lloran por sus hijos. ¡Cuánto dolor, cuánto sufrimiento en los corazones de los hombres!

¿Y qué remedios hay para estos dolores? ¿Podrán los placeres mundanos proporcionar el consuelo que nos falta? ¿Podrán el entretenimiento —cine, bailes, conciertos— aliviarlos? Solo nos hacen olvidar por un momento, ¿pero nos consuelan? ¡No! ¡Mil veces no! No hay bálsamo en este mundo que pueda calmarnos, que pueda quitarnos el dolor del alma, ni siquiera por un instante.

¡Pero no desesperemos! Existe una fuente muy poderosa de abundante bálsamo que no solo alivia nuestras penas, sino que las transforma en alegría. Esta fuente es nuestra religión, y en particular, la meditación sobre la pasión y muerte de Nuestro Señor.

¿Nunca has probado la dulzura de meditar en la Pasión del Señor? ¿Sabes lo que significa unir tus lágrimas con las de Jesús? ¡Unamos nuestras penas a las de Jesús! ¡Comparemos nuestras penas con las suyas! En el momento de nuestro sufrimiento, imaginemos a Jesús colgado en la cruz, exclamando: "¡Oh, los que pasáis por aquí, mirad si hay pena como la mía!"

Meditar en los sufrimientos de Jesús no solo alivia los nuestros, sino que los elimina y los reemplaza con alegría. En este tiempo de Pasión, acudamos cada vez más a los Santos Sacramentos. Sobre todo, acerquémonos a la mesa de la comunión, pues la presencia de Jesús purifica nuestro corazón de toda culpa.

¿Qué mejor explicación del sufrimiento en el mundo que la misma pasión y muerte de nuestro Señor? Él quiso ser como nosotros, a quienes la Divina Providencia envía el sufrimiento para nuestro propio bien.

Convirtámonos a Dios con todo nuestro corazón, reza la Iglesia tantas veces en el breviario. ¡Que el verdadero Rey, Cristo Jesús, reine en sus corazones y en sus familias! ¡Renuncien a la maldad de nuestros tiempos, que tanto ha provocado la ira de Dios!

Lejos de nosotros estar en un espíritu mundano, y decir: "Cuando oigáis hoy la voz de Dios, no endurezcáis vuestros corazones".

Extractos tomados del "Boletín de la Parroquia de los Sagrados Corazones", publicado el 7 de abril de 1946.