La cruz que perteneció al Padre Eustáquio es llevada en peregrinación por devotos en Poá/SP.

La cruz que perteneció al Padre Eustáquio es llevada en peregrinación por devotos en Poá/SP.

Un crucifijo que perteneció al Beato Padre Eustaquio se pasea por las casas de los devotos de Poá, São Paulo. Fue un regalo del Beato Padre a un devoto de la ciudad.

Según la actual guardiana del crucifijo, Cida Rey, el objeto fue legado a su abuela, doña Cesira Passotori Barbieri, quien convivió con el sacerdote holandés cuando este llegó a la ciudad de Poá, São Paulo. Cesira fue una de las personas que acogió al Padre Eustáquio en Poá, manteniendo así una amistad con el Bendito.

Cida Rey relata que, cuando el sacerdote fue expulsado de Poá, distribuyó varios objetos suyos a personas cercanas. La abuela de Cida recibió el crucifijo. Pero más allá del objeto, dejó una misión: la cruz no podía permanecer inactiva; debía servir a quienes él había servido.

Desde entonces, la cruz, convertida en cruz de peregrinos, va de casa en casa llevando un mensaje de esperanza a las personas que se encuentran en dificultad, especialmente a aquellas que atraviesan problemas de salud, manteniendo vivo el mensaje de “Salud y Paz” dejado por el Bendito.