A lo largo de su vida misionera, el Padre Eustáquio se destacó por su costumbre de visitar y ayudar a los enfermos en las parroquias donde servía. Siempre cuidaba de los enfermos, recomendándoles tés y remedios naturales para curar heridas y enfermedades que causaban angustia, especialmente entre las personas más pobres a las que servía.
El deseo de ayudar a los enfermos y a los que sufren surgió de la inspiración de San Damián de Molokai, quien lo dejó todo para cuidar a los leprosos y acabó muriendo a causa de la enfermedad. Al ver esta disposición y disponibilidad para servir, el beato comenzó a atender a los necesitados. A menudo, estas personas no tenían acceso a médicos y terminaban prolongando sus enfermedades durante muchos años por falta de atención.
Para llevar un registro de los enfermos, el padre Eustáquio llevaba un cuaderno donde anotaba los nombres de las personas a las que ayudaba. Además, este cuaderno contenía las direcciones y, a menudo, las enfermedades de sus feligreses.
El diario forma parte de la colección del Padre Eustáquio y preserva la historia del Beato.
- Foto de uno de los diarios del Padre Eustáquio. Haga clic para ampliar.
