Misa y Oficio propios

Misa y Oficio propios

Aprobados por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el 20 de agosto de 2011 (Prot. núm. 319/11/L)

30 de agosto
Beato Eustáquio van Lieshout, sacerdote
Memorial

Antífona de entrada: cf. Mat 14,14
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

Oración del día:
Dios Todopoderoso, que enriqueciste al beato Eustáquio sacerdote con el don de devolver la salud a los enfermos y la paz a los pecadores, concédenos, por sus méritos e intercesión, gozar de perpetua salud de alma y cuerpo y alcanzar la alegría eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Primera Lectura: Rom 12,3-18
Procuren hacer el bien delante de todos los hombres.

Lectura de la Carta de San Pablo a los Romanos
Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto. En virtud de la gracia que me fue dada, le digo a cada uno de ustedes: no se estimen más de lo que conviene; pero tengan por ustedes una estima razonable, según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno. Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros. Conforme a la gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes. El que tiene el don de la profecía, que lo ejerza según la medida de la fe. El que tiene el don del ministerio, que sirva. El que tiene el don de enseñar, que enseñe. El que tiene el don de exhortación, que exhorte. El que comparte sus bienes, que dé con sencillez. El que preside la comunidad, que lo haga con solicitud. El que practica misericordia, que lo haga con alegría. Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Amense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad.
Palabra del Señor

Salmo responsorial: Salm 33
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor; que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias.

Aclamación al Evangelio: Jn 6, 63c.68c
Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna.

Evangelio: Mc 1, 29-39
Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando». El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

Palavra del Señor

Oración sobre las ofrendas:
Dios todopoderoso, mira las ofrendas que te presentamos en memoria del Beato Eustáquio, y concédenos que, al celebrar el memorial de la pasión del Señor, conformemos nuestra vida a estos santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Antífona de comunión: cf. Ezq 34,15
Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar –oráculo del Señor–.

Oración después de la comunión:
Señor, que en este divino sacramento nos das la vida verdadera, concédenos que, al celebrar con gozo la memoria del Beato Eustáquio, el ejemplo de su celo apostólico nos ayude a crecer cada día en gracia y santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios contigo en la unidad del Espíritu Santo.

 

Oficio de Lecturas

30 de agosto
Beato Eustáquio van Lieshout, sacerdote
Memorial

Segunda Lectura
De la carta del Beato Eustáquio a Don José Gaspar de Afonseca e Silva, Excmo. y Rvdmo. Arzobispo Metropolitano de São Paulo, 24 de junio de 1941.

«Para facilitar la audiencia que Vuestra Excelencia me ha concedido esta tarde, quisiera formular en pocas palabras el gran ideal que estimula hoy mi vida sacerdotal y religiosa. Aunque nunca he dado descanso a mi cuerpo cuando se trata de aliviar los sufrimientos del prójimo y de eliminar del mundo, en la medida de lo posible, el mal que se interpone en el camino de la felicidad en la vida y en la eternidad; hoy, sin embargo, me veo obligado por todas partes a ayudar bien a la humanidad como sacerdote, que con sus bendiciones se ve a sí mismo como instrumento de la Divina Providencia para aliviar los sufrimientos del prójimo. Pero como en todas las cosas la materia no es más que el camino hacia lo espiritual, las curaciones corporales que hemos visto no son más que medios para obtener la segunda curación, que es mucho más importante: la curación del alma, y no sólo de los que se han curado, sino de cientos y cientos que lo han presenciado, y cuyas almas estaban o completamente indiferentes espiritualmente o profundamente tibias respecto a las cosas de Dios y del alma. Esta es la santa vocación que siento en mí: aliviar el dolor corporal para reavivar la fe sacudida de nuestro tiempo. Me he visto especialmente llamado a esta gran obra. Nunca me había dado cuenta, como hoy, de lo mucho que, por la gracia de Dios, puedo conseguir para los que sufren... El buen Dios me ha mostrado visiblemente el camino a seguir. Sí, hoy me veo obligado, si mi palabra me conviene, a ayudar a todos los que sufren y padecen. Dios me ha concedido incluso el don de curar una enfermedad que la ciencia humana consideraba incurable. Pero no presumo de ello. De que esto no sucede por medios naturales se han dado cuenta muchas personas que, como prueba de lo que sentían en el alma, buscaron la conversión inmediata y la indiferencia espiritual en la que habían vivido durante tantos años fue sustituida por una fe ardiente y una confianza sin límites. Esto es lo que puedo decir del don que Dios, en su misericordia, me ha concedido a mí, pobre pecador. Pero la fe en Dios, nuestro Señor, es como un personaje histórico cuya grandeza perdura en las páginas de la historia. En nuestro tiempo, no contemplamos suficientemente que la vida de nuestro Señor sigue tan presente como hace diecinueve siglos. Y por eso no puedo estar de acuerdo con la palabra de la historia sagrada como si fuera algo del pasado que ya ha llegado a su fin. Oh, Dios sigue vivo en la tierra, sigue haciendo vida, la historia de Cristo, entre nosotros. Después de este testimonio, humildemente presentado por el propio P. Eustáquio, veamos lo que escribió él mismo al P. Superior General (10 de agosto de 1941): «Desde hace mucho tiempo, pero sobre todo durante el año pasado, muchas personas han acudido a mí en busca de curación del alma y del cuerpo. Y, gracias al buen Dios, muchas almas se han convertido, y muchos enfermos, incluso ciegos y paralíticos, han encontrado la curación mediante una simple bendición. Y aunque hicimos todo lo posible por ocultar este hecho extraordinario, los periódicos aprovecharon para hacer mucho ruido sobre mí; tanto que mis superiores, también eclesiásticos, por temor a que llegara algo grave de Roma, me aconsejaron que me retirara por un tiempo hasta que llegara una orden de arriba...»

Responsorio: Mt 25,21-20

R/. Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más:
* Entra a participar del gozo de tu señor.
V/. Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado.
* Entra.