[blockquote footer=”Doña Isabel Leite es jubilada, residente del barrio y voluntaria de las Damas de la Caridad desde hace casi 60 años, una labor que realiza a diario, llueva o truene.”]“Tenía un hermanito que no veía con la luz, y un vecino siempre nos decía que lo lleváramos con el Padre Eustáquio porque él lo curaría. Mi madre iba a la iglesia y yo la acompañaba. Para recibir la bendición, había que confesarse primero, así que hicimos fila para confesarnos. Cuando le tocó el turno a mi madre, el Padre Hermenegildo dijo: “¡Niños no!”. Pero en el momento de la bendición, el Padre Eustáquio me miró y me llamó. Me sobresalté y me emocioné tanto que no pude decir nada, pero él me dijo: “Déjame hablar”. Luego me dijo: “¡Siempre comulga porque Jesús está en la Eucaristía! ¡Quien busca, encuentra a Jesús!”. "Reza también a San José y a Nuestra Señora de Lourdes", me puso la mano en la cabeza y me bendijo... luego corrí. Mi hermano sí que mejoró, pero el sacerdote le dijo a mi madre que no se quedaría joven. De hecho, mi hermano murió a los 12 años de neumonía, tal como lo había predicho. Por estas gracias y tantas otras que recibí tras la muerte del Padre Eustáquio, hice una promesa: todos los días de mi vida me dedicaría a los pobres, lloviera o hiciera sol.