Mayo es el mes de Nuestra Señora. El Padre Eustáquio dedicó toda su vida a una gran devoción a la Santísima Virgen María, como lo demuestran sus textos. Vea un extracto de uno de ellos a continuación:
“Examina si no hay un dolor, una cruz que busques alivio; pídele, pídele a tu madre… y Ella te lo concederá con gran placer, con gran alegría. Si visitamos en espíritu el lugar de los milagros, no olvidemos las palabras que nuestra madre dirigió tan solemnemente a Bernadette, para que las transmitiera a toda la posteridad: ¡Yo soy la Inmaculada Concepción!
Y cuando una madre habla así, sabemos que María no quiere decir otra cosa que que sus hijas e hijos la imiten en su santa virtud de inocencia y pureza. No quiere decir otra cosa que que su imagen se refleja nítidamente en el espejo de cristal de nuestras almas. No quiere decir otra cosa que que pide a quienes la aman como hijos que se desprendan de todo lo que está manchado, de todo lo que no es inmaculado a los ojos de Dios.”