¿Tienes el hábito de leer y meditar en la Biblia? ¿No? Pues bien, recuerda que esto debería ser una regla para todos los cristianos: leer las Sagradas Escrituras a diario.
Así como alimentas tu cuerpo a diario, tu espíritu también necesita ser alimentado. Y no hay nada mejor que alimentarlo con la Palabra de Dios. A menudo nos resulta difícil leer las Sagradas Escrituras, pero es la voluntad de Dios que las consumamos sin temor.
En Mateo 4:4 vemos la importancia de la Sagrada Escritura para nuestra vida: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. En todas las situaciones de nuestra vida, buenas o malas, encontramos en ella una palabra de aliento, sabiduría y fortaleza.
El padre Eustaquio comprendió la importancia de la lectura de la Biblia a lo largo de su vida, tanto que dejó un hermoso texto al respecto:
“El Amor Divino rebosa y brota de cada página del Evangelio, y se ve y se siente cómo se representa en todas las figuras y parábolas, se exhala en cada frase, brota de cada grito y acción de Dios peregrino, por amor. Si les dicen a sus hermanos que, desde la primera hasta la última página de este libro divino, todo es luz y esperanza, es, sobre todo, porque es todo amor.”
Si aún no tienes el hábito de leer la Biblia a diario, empieza leyendo versículos cortos. Con el tiempo, tu espíritu anhelará más y leer las Sagradas Escrituras se convertirá en un hábito.