Fue en enero de 1915, menos de dos años después de ingresar como novicio en la Congregación de los Sagrados Corazones, que Eustace se comprometió con la vida religiosa. Hizo votos de Pobreza, Obediencia y Castidad, emitiendo así sus votos temporales en la Congregación.
El joven Eustace ingresó al Seminario Menor de la Congregación a los 25 años, en 1905, y diez años después se comprometió con Dios, consigo mismo y con sus hermanos. Los votos son un tipo de compromiso que una persona asume con la intención de asegurar su dedicación. Y el tiempo de preparación no es corto; por lo tanto, se requiere mucha reflexión por parte de quienes desean convertirse en religiosos. El seminarista entra en una realidad completamente nueva, donde, a partir de los votos que hace temporalmente, se prepara para los votos perpetuos. Un proceso muy especial, donde, a través de la evaluación pastoral de sus tutores, se le lleva a reflexionar sobre su propia vida desde la perspectiva de la vida de Cristo, para que los votos perpetuos sean un fiel reflejo de toda su vida.
Seguro de lo que deseaba, Eustaquio siguió el camino de su héroe de la infancia: San Damián de Molokai, el apóstol de los leprosos. Desde pequeño, el futuro Padre Eustaquio conocía sus aventuras y heroísmo, pero en su adolescencia, la lectura de la vida de San Damián lo cautivó tanto que, desde entonces, su gran sueño fue ser misionero como él.
Tres años después, en marzo de 1918, el Padre Eustaquio profesó sus votos perpetuos, convirtiéndose así en religioso para siempre dedicado a los Sagrados Corazones de Jesús y de María y a la Adoración Perpetua.
VIDA RELIGIOSA
Tan pronto como un joven ingresa a una Congregación, se abre un período de discernimiento para que experimente y decida si desea o no seguir la vida religiosa. En este camino, existen dos tipos de votos: temporales y perpetuos. Estas dos hermosas realidades del ingreso a la vida religiosa son la culminación de todo un camino, donde el joven declarará, por iniciativa propia y responsabilidad, su deseo de seguir a Cristo, el Redentor. Los votos temporales son precisamente la anticipación de un deseo definitivo. Los votos perpetuos representan la firme decisión de abrazar el gran gesto de Cristo, evangelizando y entregando la propia vida con la radicalidad del Evangelio.
**Escrito con información del sitio web Pai Eterno (Padre Natalino Martins), recuperado del portal paieterno.com/noticias