Escritos del Padre Eustáquio: Jesús se hizo Hijo de los Hombres

Escritos del Padre Eustáquio: Jesús se hizo Hijo de los Hombres

Se acerca la Navidad, época en la que recordamos el nacimiento de nuestro Salvador. Para los católicos, celebrar esta fecha tiene un significado muy importante: celebrar el milagro del nacimiento de Jesucristo y la esperanza del pueblo en Dios.

El Padre Eustáquio escribió extensamente sobre esta fecha. Sus textos contienen valiosas enseñanzas sobre cómo vivir la Navidad. Reflexionemos juntos sobre uno de estos textos:

“Jesucristo se hizo Hijo del Hombre, descendió a esta tierra en esta noche de Navidad. Y pronto llegaron los ángeles del cielo, precursores del gran Rey, para anunciar su llegada en los campos de Belén, un anuncio que se haría a todo el pueblo: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Y entonces los ángeles cantaron: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». Vayamos a Belén, pero vayamos todos como hermanos, sin rencor, sin odio, sin malos deseos en nuestros corazones; también nosotros visitaremos al niño Jesús. Vayamos a Belén, pero vayamos con un corazón humilde, con un corazón agradecido por la redención que nos llegó de tan alto, de tan lejos. Vayamos también a Belén, no a enseñar, sino a aprender de ese niño recostado en la paja del pesebre.

Lo que vemos es tal como lo predijeron los ángeles: un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. ¡Oh, qué niño! ¡Qué niño! Nacido en tan gran miseria, sin casa donde vivir, sin cama donde acostarse, solo harapos para calentarse. Decidme, hermanos míos, si los ángeles no nos hubieran cantado, ¿quién creería que en ese pobre niño estaba el niño Jesús, el gran Dios, el Rey de reyes? Mirad al pequeño, nacido en la paja entre animales, sin palabras, con sus tiernos y frágiles miembros, temblando de frío...

¡Qué maravilla! Llegó a condenarse voluntariamente, por amor, a esta imposibilidad física, pidiéndole todo a su madre con el único lenguaje de los niños pequeños: las lágrimas. Mírenlo tan encantador en los brazos de su Madre, su boquita chupando de sus pechos virginales la sangre que un día derramará por todos nosotros.

Texto tomado de uno de los cuadernos del Beato Padre Eustaquio, catalogado por el equipo de restauración, pero sin fecha registrada.