Palabras del Santísimo: estamos llamados a servir a Dios y al prójimo.

Palabras del Santísimo: estamos llamados a servir a Dios y al prójimo.

Dios nos llama a cada instante. Quiere vernos participando en su obra, sirviendo y siendo obreros activos aquí en la tierra.

El Padre Eustáquio siempre vivió intensamente este llamado de Dios, dedicándose por completo al servicio de la Iglesia y del prójimo. Sobre este tema, escribió el siguiente texto:

“"No sólo debemos servir al Señor nuestro Dios, sino que siempre podemos servir de alguna manera, incluso de las maneras más oscuras de todas.".

Sí, queridos hermanos, la mies es mucha, hay espacio y trabajo de sobra para todos, y sólo depende de nuestra buena voluntad y celo realizar cualquier cosa, incluso la más humilde y sencilla tarea, en favor de la santa causa de Dios.

Nada hay más digno, honorable ni justo que todos, sin excepción, seamos trabajadores activos y contentos en el servicio de la gloria del Señor y del bien del prójimo, lo cual está a nuestro alcance y poder, pues absolutamente nada, dentro o fuera de nosotros mismos, podrá jamás impedírnoslo si verdaderamente queremos dedicar nuestros humildes esfuerzos a la más alta y principal de todas las obligaciones humanas.

¿Quién, en efecto, entre nosotros puede considerarse exento de este primer y excelentísimo deber, cuyo cumplimiento redunda también en la salvación de nuestra propia alma, que es el mayor bien personal del hombre?

Así pues, se abordan los dos temas principales para el hombre en este mundo: la obligación de servir a Dios, en primer lugar, y, en segundo lugar, la de salvar la propia alma o la del prójimo, con la ventaja añadida de que, entregado a estas nobles tareas, el hombre goza del mayor bien interior y queda, por decirlo así, libre de los males externos, porque ninguna defensa es tan poderosa como la armadura de la virtud fundada en Dios, Nuestro Señor.

Ya lo afirmaba el Divino Maestro en el Santo Evangelio: “Una sola cosa es necesaria, porque, en efecto, todas las demás, por las que los hombres se afanan y son tan hostiles, no añaden absolutamente ningún valor nuevo al hombre, sino que, por el contrario, tienden a desfigurarlo, haciéndolo poseído y no poseedor, tan grandes y graves son los riesgos y las trampas de las riquezas, de las posiciones y de las vanidades humanas”.”

Texto tomado del Boletín Parroquial Sagrados Corazones, de 1950/1952.