Durante su vida sacerdotal, el Padre Eustáquio fue miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones, y quizás por ello dedicó numerosos escritos a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Varios textos dedicados a esta devoción se encuentran en sus archivos personales.
Y hoy, mientras la Iglesia celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, ¡profundicemos en una de las enseñanzas que nos dejó el Misionero de la Salud y la Paz!
“"Devoción al Sagrado Corazón"”
La única, o mejor dicho, la principal devoción de un cristiano debe ser amar a Jesucristo.
Fue con este mismo propósito que Nuestro Señor y Salvador, revelándose a Margarita María, declaró que deseaba que Su Corazón fuera honrado con especial devoción, para que, a través de su piadoso homenaje, las almas devotas pudieran reparar las ofensas cometidas contra el Sagrado Corazón en el Sacramento de la Eucaristía.
Y así sucedió que, mientras la santa oraba un día ante el Sagrario, Jesús se le apareció y le mostró su Corazón rodeado de espinas, coronado por una Cruz y, como colocado sobre un trono de llamas: “Mira”, le dijo, «el Corazón que tanto ha amado a la humanidad, que no ha escatimado nada, hasta agotarse y consumirse, para dar testimonio de su amor, y, a cambio, recibe de la mayoría solo ingratitud por la irreverencia, el sacrilegio, la frialdad y el desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Lo que sigo sintiendo, sin embargo, es que estos son corazones consagrados a Mí que actúan así conmigo». Ninguno de nosotros, hermanos y hermanas, ignora que Jesús dice la verdad, pues, de hecho, no escatimó nada para dar testimonio de su amor por la humanidad.
¿Seremos, acaso, capaces de evaluar las terribles dificultades que enfrentó aquí en la tierra para predicar y enseñar a los pobres que se encontraban en una oscuridad de alma casi total? Ah, y decir que las menos graves y peligrosas de todas las dificultades fueron precisamente las de naturaleza puramente material.
Sin embargo, hermanos, Él no sólo se enfrentó a todos ellos, sino que incluso llegó a desearlos por amor a nosotros, aun sabiendo que, entonces como ahora, la recompensa y la generosidad de la dedicación es muchas veces el egoísmo, la indiferencia del hombre o incluso el desprecio.
¡Ah! Hermanos, el desprecio es la burla que se paga por la caridad y la voluntad de Jesús, vivida hasta el extremo. ¡Sí! Entonces, como hoy, el mundo comprende mejor la brutalidad de quienes todo lo exigen que la caridad de Aquel que todo lo da; comprende, incluso aplaude, la usurpación y el saqueo, acompañados de la tiranía y la opresión de falsos héroes, más que los beneficios y las renuncias realizadas sin fanfarrias ni ostentación, típicas de los peces gordos que engañan a las masas en todo, incluso en los aplausos que reciben de ellas por ello.