En la penúltima pieza sobre la espiritualidad del Beato Padre Eustaquio, se aborda una profunda devoción que siempre lo acompañó. San José, patrono de la Iglesia, es un compañero inseparable de la firme y firme fe del Beato.
La devoción a San José siempre ha florecido entre las almas santas, como esposo de la Santísima Virgen María, padre adoptivo de Jesús y patrono de las almas en su vida interior. San José, patrono de la Iglesia, también ha sido siempre el patrono de la Congregación de los Sagrados Corazones, y por lo tanto, la devoción del beato al santo no podía ser de otra manera.
El amor del Padre Eustaquio por San José se evidencia en casi todas sus cartas. Siempre cabe la posibilidad de hablar del esposo de la Virgen María. Estas son algunas de sus expresiones más frecuentes:“Que San José te guíe y te proteja siempre… San José, guíanos. San José, protégenos. San José, guíanos siempre por el camino de tu santa voluntad.”.
La devoción del Bendito hacia el padre adoptivo de Jesús se puede ver en varios textos, uno de los cuales es este:“No conocemos nombres más sagrados que los de Jesús, María y José. Este orden de nombres ya indica el lugar prominente que ocupa San José en el Reino de Dios. Consideremos a San José como cabeza de familia. San José es el esposo de la Santísima Virgen María. Los Santos Padres declaran que Dios quiso darle un esposo para salvaguardar su honor, para guardar el secreto de la naturaleza divina de Jesús hasta la hora determinada por la Divina Providencia, y para ser siempre consuelo y apoyo para Nuestra Señora. Un padre adoptivo era necesario para formar una familia ejemplar, una de las mejores entre las familias cristianas.”.