En 1920, el padre Eustáquio se hizo cargo del trabajo en la colonia de vidrieros de Maassluis, Países Bajos, formada por unos 700 belgas que habían huido de la Primera Guerra Mundial.
Fue nombrado asistente religioso de los trabajadores de una fábrica de vidrio que se habían trasladado de Bélgica a Holanda debido a la guerra. El padre Eustáquio acabó ocupando este puesto gracias a su dominio del francés, lo que le permitía comunicarse con aquellos trabajadores belgas.
Gracias a esta labor, el sacerdote holandés fue condecorado por el rey Alberto I de Bélgica por su asistencia religiosa. Logró convertir a varios obreros de la zona, y para ello tuvo que ser muy enérgico contra el vicio de la embriaguez y otros errores que mantenían.
En uno de los testimonios rendidos al Tribunal de la Causa de Beatificación y Canonización del Padre Eustaquio, el Padre Gil habla de la dedicación del Beato al cambio de sede, comenzando por su propia transformación personal:
“Observo que el Padre Eustáquio dejó de beber vino, resolución a la que se mantuvo fiel durante toda su vida, incluso cuando aún ayudaba a los trabajadores valones (belgas); estoy convencido de que tomó esta decisión como una penitencia autoimpuesta. Asimismo, incluso antes de llegar a Brasil, el Padre Eustáquio dejó de fumar para el resto de su vida. Cuando mencioné antes la abstinencia del vino, me refiero a que se abstuvo de cualquier bebida alcohólica..”