El Padre Eustáquio y la vida misionera

El Padre Eustáquio y la vida misionera

Cuando el Padre Eustace, entonces de 14 años, eligió la Congregación de los Sagrados Corazones, optó por una vida misionera, sirviendo a Dios y al prójimo. En 1915, el joven holandés profesó los votos de Pobreza, Castidad y Obediencia, convirtiéndose en religioso de los Sagrados Corazones, y en 1919 recibió la ordenación sacerdotal.

Durante sus primeros años en la Congregación, el Padre Eustace sirvió al pueblo de Dios en los Países Bajos en diversas misiones, distinguiéndose por su labor. Por su vida dedicada al servicio al prójimo, recibió una condecoración del Rey de Bélgica por los servicios prestados a los refugiados belgas durante la Primera Guerra Mundial.

Pero fue en 1925 cuando el Padre Eustáquio recibió un gran reto que marcaría su vida misionera. Él, junto con el Padre Gil van den Boogaart y el Padre Matias van Rooy, fueron los fundadores de la Congregación de los Sagrados Corazones en Brasil, en la región del Triángulo Minero. Desde allí, el Padre Eustáquio sirvió en diversas ciudades brasileñas, marcando una diferencia en las comunidades y en la vida de las personas.

Su labor misionera fue uno de los temas que el sacerdote holandés trató con su familia en las cartas que intercambiaron. En 1936, el padre Eustace le escribió a su hermana, Faustina, también monja, sobre la alegría de vivir una vida dedicada a los demás.

“Cuando pienso en la Divina Providencia, mi corazón se llena. Siento, entonces, más que nunca, que un Padre solícito se apiada del misionero cansado para consolarlo y fortalecerlo. Qué hermosa es la vida misionera, pero qué poco vale sin el consuelo y la ayuda divinos. Nunca me cansaré de alabar y cantar la bondad divina.”