Una palabra del Padre Eustáquio: El hombre y su fin

Una palabra del Padre Eustáquio: El hombre y su fin

Fuimos creados a imagen y semejanza del Señor, y hay una razón para ello. Dios quiere que seamos sus hijos fieles y amados, sirviendo al prójimo en busca del Reino de los Cielos.

Debemos practicar a diario lo que nos enseña la Sagrada Escritura. Y el Padre Eustace lo vivió a lo largo de su vida. Sirvió y ayudó a su prójimo, y nunca dejó de llevar la Palabra de Dios y sus enseñanzas a la gente. En uno de sus escritos, el Beato habló sobre esto. Lea a continuación:

El fin del hombre

Señor, hazme conocer mi fin, para que sepa lo que me falta..

Pongámonos en presencia de nuestro Dios, el creador que nos llamó a la existencia, el Dios a quien adoramos en todo lugar y en todo tiempo, para estar presente en cada instante de la existencia –pasado, presente y futuro–, tanto aquí como en otro lugar, pues, más que el ser mortal de nuestros cuerpos, Él nos rodea y nos envuelve con su presencia soberana, como sucede con las plantas, el sol, las estrellas, la luz, en fin, con todas las criaturas de la creación, todas las cuales tienen un fin limitado y marcado, el ser dependientes del ser supremo..

Dicho esto, preguntamos a Dios: Señor, ¿cuál es el fin que Su Majestad y Bondad le ha asignado al hombre? Y Dios nos manda aprender a practicar las palabras de la Sagrada Escritura: El hombre fue creado para alabar a Dios Nuestro Señor, para rendirle reverencia y obediencia, y para servirle en cuerpo y alma a fin de alcanzar, al final, la salvación eterna, deberes agradecidos, que son menos obligaciones y más atributos de nobleza, de privilegios propios del hombre.

Pero ¿qué es el hombre? Entre todas las criaturas visibles, solo él es racional, dotado de esa excelente facultad de la inteligencia, para conocer y discernir mediante el libre albedrío, para elegir con plena responsabilidad y consecuencias: el bien o el mal, la verdad o el error, la justicia o la iniquidad; en una palabra, ¿la Iglesia Católica Apostólica Romana, la única institución divina, o los diversos errores de tantas herejías y falsas intenciones humanas difundidas por la tierra?

Así pues, entre todas las criaturas que salieron de manos divinas, únicamente por voluntad y capacidad exclusiva del Creador, en el acto de la creación, el hombre fue el más noble y elevado, por sus atributos o facultades, y fue indudablemente creado; es decir, Él, el Señor, nos formó en Adán y Eva, tan cierto es que no nos hicimos a nosotros mismos, a pesar de todas las contradicciones y fantasías de los divulgadores de la ciencia pulp..

Ahora bien, siendo el hombre hecho por Dios, cuya infinita sabiduría no puede hacer ni crear nada sin proponer inmediatamente un fin digno – este Dios de toda sabiduría no puede dejar de querer y exigir que su criatura racional cumpla su fin definido, ni puede permanecer indiferente en este punto, pues eso repugnaría a la sabiduría eterna, que es conservadora, y que, por tanto, para la misma defensa y supervivencia de la especie – sabe intervenir y constreñir al hombre a cumplir su fin: alabar a Dios, rendirle reverencia y servirle con hechos y no sólo con palabras.