Además del desafío de las transmisiones por internet y las celebraciones en el Santuario de Salud y Paz, otro problema que se hizo evidente fue la asistencia que la parroquia brinda a las más de 100 familias atendidas mensualmente por las Damas de la Caridad y a los 260 niños de la Guardería Padre Eustáquio. Además de los servicios regulares, la iglesia comenzó a organizarse para ayudar a las nuevas familias de personas desempleadas, personas sin hogar y trabajadores informales que, debido a las medidas de aislamiento social, perdieron sus ingresos.
Ante la imposibilidad de las ancianas, tradicionalmente encargadas de acoger y distribuir alimentos y otras ayudas a las familias necesitadas, los hermanos de la Congregación de los Sagrados Corazones que viven en la casa provincial y los que residen en las casas de formación han asumido la tarea de preparar y contactar directamente con los necesitados.
Incluso la vida interna de la Congregación adquirió un ritmo muy diferente debido al aislamiento. Por un lado, se experimentó la intensificación de la comunidad unida que requería el cuidado total de la casa con todas las tareas domésticas y la atención a los hermanos y hermanas mayores, y al mismo tiempo, las clases en la facultad de teología comenzaron a impartirse en línea, manteniendo el ritmo escolar.
Queremos destacar la labor del Hermano Antoniel, quien se dedica especialmente a realizar el instrumento de protección simbólico y necesario que son las mascarillas, para garantizar la Salud y la Paz.
En este tiempo de pandemia, pidamos a Dios, por intercesión del Beato Padre Eustaquio, que nos conceda siempre: “Salud y Paz”.
Oremos con nosotros la oración que siempre decía el Padre Eustaquio al pedir una bendición:
“Oh, Jesús, por la sangre que derramaste y por las lágrimas de tu santísima Madre, concede la vista a los ciegos, caminar a los cojos, salud a los enfermos y paz a todos los que sufren y están en dolor. ¡Amén!”