El Beato Padre Eustaquio cultivó una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que impregnó toda su vida y misión sacerdotal. Miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones, vio en el Corazón de Jesús la fuente inagotable de amor y misericordia para la humanidad.
“"Corazón de Jesús, océano de bondad, fuente perenne de misericordia, dígnate escuchar mis oraciones."”
En sus escritos, el Padre Eustace enfatizó que la principal devoción del cristiano debe ser amar a Jesucristo. Recordó las revelaciones de Jesús a Santa Margarita María Alacoque, en las que el Señor expresó el deseo de que su Corazón fuera honrado con especial devoción para reparar las ofensas recibidas en el Sacramento de la Eucaristía.
“Poseemos la realidad viva y palpitante de su amor. Ese Corazón vivo que fue el primer continente y motor de la vida orgánica de Jesús, lo poseemos.”