El Vaticano anuncia la muerte del Papa Francisco, a los 88 años.

El Vaticano anuncia la muerte del Papa Francisco, a los 88 años.

Según la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil – CNBB, el anuncio fue hecho, con pesar, este lunes por la mañana, directamente desde la Capilla de la Casa Santa Marta, en el Vaticano, por el Camarlengo de la Iglesia, Cardenal Joseph Farrell, con las siguientes palabras:

“A las 7:35 de esta mañana, el obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre. Dedicó toda su vida al servicio del Señor y de su Iglesia.

Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados.

Con inmensa gratitud por su ejemplo de verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del Papa Francisco al infinito amor misericordioso del Dios Trino.”

Último mensaje

Ayer domingo, el Papa apareció en el balcón de la Basílica de San Pedro para el mensaje Urbi et Orbi de Pascua, dejando su último mensaje para la Iglesia y el mundo. El texto, leído por Monseñor Diego Ravelli, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, enfatizó la Pascua como una celebración de la vida:

“¡Cristo ha resucitado! Este anuncio encierra todo el sentido de nuestra existencia, que no fue hecha para la muerte, sino para la vida. ¡La Pascua es la fiesta de la vida! ¡Dios nos creó para la vida y quiere que la humanidad resucite! A sus ojos, ¡todas las vidas son preciosas! Desde la vida del niño en el vientre materno hasta la de los ancianos o los enfermos, considerados como personas descartadas en un número cada vez mayor de países.”

Este mensaje de esperanza resuena con mayor fuerza hoy, al presenciar los innumerables conflictos que ocurren a diario en diferentes partes del mundo. “¡Cuánta violencia vemos con frecuencia, incluso dentro de las familias, dirigida contra mujeres o niños! ¡Cuánto desprecio se siente a veces hacia los más débiles, los marginados y los migrantes!”, escribe Francisco con dolor, al expresar sus deseos:

“En este día, quisiera que recuperáramos la esperanza y la confianza en los demás y que tuviéramos la esperanza de que la paz es posible. El Santo Padre enumera a continuación los diversos países y regiones en conflicto, empezando por Tierra Santa, donde este año católicos y ortodoxos celebran juntos la Pascua, expresando su preocupación por el creciente clima de antisemitismo y definiendo la situación humanitaria en Gaza como dramática e innoble.

En su mensaje final, el Papa también hizo un llamamiento a la paz, que “no es posible sin un verdadero desarme”. El Pontífice pidió que los recursos disponibles se destinen a ayudar a los necesitados, combatir el hambre y promover iniciativas que fomenten el desarrollo. “Estas son las armas de la paz: las que construyen el futuro, en lugar de sembrar la muerte‘, afirmó.

“Que el principio de humanidad nunca deje de ser el eje de nuestras acciones diarias. Ante la crueldad de los conflictos que afectan a civiles indefensos, atacan escuelas, hospitales y trabajadores humanitarios, no podemos olvidar que no se ataca a objetivos, sino a personas con alma y dignidad. Finalmente, esperamos que en este Año Jubilar, la Pascua sea una ocasión para liberar a prisioneros de guerra y presos políticos.

Biografía y trayectoria eclesial

Nació en la capital argentina el 17 de diciembre de 1936, hijo de inmigrantes piamonteses: su padre Mario trabajaba como contador del ferrocarril; y su madre Regina Sívori se ocupaba de la casa y la educación de sus cinco hijos.

Se graduó como técnico químico y luego eligió el camino del sacerdocio, ingresando en el seminario diocesano de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958, ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Completó sus estudios de humanidades en Chile y, a su regreso a Argentina, en 1963 se licenció en Filosofía en el Colegio San José de San Miguel. De 1964 a 1965 fue profesor de literatura y psicología en el Colegio Inmaculada Concepción de Santa Fe, y en 1966 impartió estas mismas asignaturas en el Colegio Salvador de Buenos Aires. De 1967 a 1970 estudió teología, graduándose también en el Colegio San José.

El 13 de diciembre de 1969, fue ordenado sacerdote por el arzobispo Ramón José Castellano. De 1970 a 1971, continuó su preparación en Alcalá de Henares, España, y el 22 de abril de 1973, emitió su profesión perpetua en la Compañía de Jesús. Regresó a Argentina, donde fue maestro de novicios en Villa Barilari, San Miguel, profesor de la Facultad de Teología, consultor de la provincia de la Compañía de Jesús y rector del colegio.

El 31 de julio de 1973, fue elegido provincial de los jesuitas en Argentina, cargo que ocupó durante seis años. Posteriormente, regresó a su trabajo en el ámbito universitario y, de 1980 a 1986, fue nuevamente rector del colegio San José y también párroco en San Miguel. En marzo de 1986, partió hacia Alemania, donde completó su tesis doctoral; posteriormente, sus superiores lo enviaron al colegio Salvador de Buenos Aires y posteriormente a la iglesia jesuita de la ciudad de Córdoba, donde ejerció como director espiritual y confesor.

El cardenal Antonio Quarracino lo invitó a ser su colaborador cercano en Buenos Aires. Así, el 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y obispo auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio, recibió la ordenación episcopal en la catedral de manos del propio cardenal. Como lema, eligió... Miserando atque eligendo e incluyó el cristograma en su escudo de armas. IHS, símbolo de la Compañía de Jesús.

Concedió su primera entrevista como obispo a un pequeño periódico parroquial, “Estrellita de Belén”. Tras ser nombrado inmediatamente vicario episcopal de la región de Flores, el 21 de diciembre de 1993, también se le confió la tarea de vicario general de la arquidiócesis. Por lo tanto, no fue sorprendente que, el 3 de junio de 1997, fuera ascendido a arzobispo coadjutor de Buenos Aires. Apenas nueve meses después, tras el fallecimiento del cardenal Quarracino, lo sucedió el 28 de febrero de 1998 como arzobispo, primado de Argentina y ordinario de los fieles de rito oriental residentes en el país que carecían de ordinario de rito propio. Fue gran canciller de la Universidad Católica Argentina y autor de los libros Meditaciones para personas religiosas (1982), Reflexiones sobre la vida apostólica (1986) y Reflexiones de esperanza (1992).

Tres años después, en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, Juan Pablo II lo creó cardenal, otorgándole el título de San Roberto Belarmino. Invitó a los fieles a no ir a Roma para celebrar la púrpura, sino a donar el dinero del viaje a los pobres. Con Francisco, otros 41 cardenales, de 27 países, se unieron al Colegio Cardenalicio. Entre ellos, dos brasileños fallecidos, Dom Geraldo Majella Agnelo y Dom Cláudio Hummes. El día de la elección del Papa Francisco en 2013, el cardenal Cláudio Hummes, emérito de la Arquidiócesis de São Paulo, le dijo al entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio: "No te olvides de los pobres". Según el propio Papa Francisco, esta frase inspiró sus enseñanzas.

En octubre de 2001, fue nombrado relator general adjunto de la décima asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicada al ministerio episcopal. Esta tarea le fue encomendada en el último momento, en sustitución del cardenal Edward Michael Egan, arzobispo de Nueva York, quien se vio obligado a permanecer en su patria debido a los atentados terroristas del 11 de septiembre. En el Sínodo, destacó especialmente la “misión profética del obispo”, su “ser profeta de la justicia”, su deber de “predicar incesantemente” la doctrina social de la Iglesia, pero también de “expresar un juicio auténtico en materia de fe y moral”.

Sin embargo, en Latinoamérica su figura se hacía cada vez más popular. Sin embargo, no perdió su sobriedad ni su riguroso estilo de vida, que llegó a describirse como casi "ascético". Con este espíritu, en 2002 rechazó la nominación a la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina, pero tres años después fue elegido para el cargo y confirmado para un nuevo mandato de tres años en 2008. Mientras tanto, en abril de 2005, participó en el Cónclave en el que fue elegido Benedicto XVI.

Como arzobispo de Buenos Aires —diócesis con más de tres millones de habitantes— concibió un proyecto misionero centrado en la comunión y la evangelización, con cuatro objetivos principales: comunidades abiertas y fraternas; el rol activo de un laicado consciente; la evangelización dirigida a todos los habitantes de la ciudad; y la asistencia a los pobres y enfermos. Su objetivo era reevangelizar Buenos Aires, “teniendo en cuenta a sus habitantes, su carácter y su historia”. Invitó a sacerdotes y laicos a colaborar. En septiembre de 2009, lanzó una campaña nacional de solidaridad con motivo del bicentenario de la independencia del país: doscientas obras de caridad para 2016.

Conferencia de Aparecida, 2017

Y, a nivel continental, alimenta fuertes esperanzas, siguiendo el mensaje de la Conferencia de Aparecida de 2007, llegando incluso a definirla como "la Evangelii nuntiandi” "de América Latina". Aún como Mario Bergoglio, desempeñó un papel destacado en la Conferencia de Obispos de América Latina y el Caribe celebrada en Aparecida en 2007. Fue uno de los principales responsables de la redacción del documento final de la conferencia.

Este texto abordó temas importantes para la Iglesia en Latinoamérica, como la evangelización, la pobreza y la justicia social. Su influencia y liderazgo fueron fundamentales para dar forma a las directrices que buscaban una Iglesia más cercana a las necesidades del pueblo y comprometida con la transformación social. Esta conferencia también contribuyó a consolidar su visión pastoral, que posteriormente se reflejaría en su papado.

Hasta el inicio de la sede vacante, fue miembro de las Congregaciones para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para el Clero, para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; del Consejo Pontificio para la Familia y de la Comisión Pontificia para América Latina.

Documentos importantes publicados por el Papa

Los documentos del Papa que forman parte del magisterio de la Iglesia Católica incluyen encíclicas, exhortaciones apostólicas, cartas apostólicas, constituciones apostólicas y discursos. Cada uno de estos documentos cumple una función específica en la transmisión de la enseñanza y la doctrina de la Iglesia, contribuyendo a la formación y guía de los fieles. Los principales documentos del magisterio del Papa incorporados al magisterio de la Iglesia fueron:

1. Evangelii Gaudium (2013) – Esta es su primera exhortación apostólica, que habla de la alegría del Evangelio y de la necesidad de una Iglesia en salida.

2. Laudato Si' (2015) Esta encíclica aborda cuestiones ambientales y la responsabilidad de la humanidad de cuidar la creación.

3. Amoris Laetitia (2016) – Exhortación apostólica que trata del amor en la familia y de la pastoral familiar.

4. Gaudete et Exsultate (2018) Esta exhortación habla del llamado a la santidad en el mundo contemporáneo.

5. Hermanos todos (2020) – Una encíclica que habla de la fraternidad y la amistad social, especialmente en tiempos de crisis.

  • Dilexit us (24 de octubre de 2024)
  • Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
  • Laudato si' (24 de mayo de 2015)
  • Carta Encíclica Lumen fidei (29 de junio de 2013)

Estos documentos son fundamentales para comprender el mensaje y la misión del Papa Francisco durante su pontificado.

 

Fuente: CNBB