En un mundo cada vez más centrado en los valores materiales, es crucial reflexionar sobre la relación entre el hombre y las cosas materiales a la luz de la fe católica. Las cosas materiales fueron creadas para servir al hombre, no al revés. Esta es una noción fundamental que debe comprenderse en nuestra sociedad moderna, donde a menudo priorizamos las cosas materiales, dejando la dignidad humana en un segundo plano.
Esta inversión de valores ocurre cuando olvidamos que estamos llamados a ser "dueños de las cosas materiales" y, en cambio, actuamos como esclavos de ellas. Esta inversión nunca ocurriría si nos sometiéramos a las enseñanzas de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, guardiana infalible de la verdad.
El padre Eustáquio escribió una hermosa reflexión sobre el tema, que podéis leer a continuación:
Especialmente en nuestro tiempo, es bueno insistir, es bueno recalcar, es indispensable martillar muchas veces sobre este punto tan peligroso, causa de tantos errores y desilusiones, de tanta ceguera de espíritu, es decir, que las cosas materiales fueron hechas y existen por causa del hombre, y no al revés, como esta época pretende hacernos creer, es decir, que el hombre fue creado para ser esclavo y no dueño de las cosas materiales.
Ahora bien, esta peligrosísima, por desastrosa que sea la inversión o fusión de valores en el orden de la creación, jamás habría ocurrido si el hombre hubiera estado siempre dispuesto con docilidad y sumisión, honrosamente, a las enseñanzas de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, única, infalible guardiana y maestra de la verdad, y, como consecuencia lógica, también la más autorizada consejera en asuntos de orden temporal, frente a los cuales tiene la actitud segura y firme de un observador desinteresado, porque su interés es uno solo: el bien de las almas.
Por tanto, es cierto que, al tratar de los asuntos temporales puramente sociales, la Iglesia considera solo el ángulo de la utilidad y el bienestar humano, ayudando con su enseñanza y consejo desinteresado e imparcial, para no ver que el mal uso o la aplicación errónea de los bienes arruinen los esfuerzos humanos respetables, como, sobre todos los demás, los de las comunidades más humildes, por ser los más arduos y sacrificados, y, en sí mismos, privados de orientación para su beneficio, pues, de hecho, serán usados, o perdidos por quienes son responsables de la gestión de las comunidades, porque, a decir verdad, el origen de la cuestión social es otro aspecto doloroso del pecado de Adán, y, desde entonces, los frutos de la tierra, según su uso o abuso, pueden producir virtud o mal, porque dan ocasión al bien y a la ruina.