El Padre Eustace, en sus escritos y sermones, siempre enfatizó la importancia de amar a Jesucristo como la devoción primordial del cristiano. En sus palabras, nos recuerda que el amor a Jesús debe ser el centro de nuestra vida, guiando nuestras acciones, pensamientos y relaciones.
“La única, o mejor dicho, la principal devoción de un cristiano debe ser amar a Jesucristo”. Esta poderosa frase nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de ser un seguidor de Cristo. El Padre Eustace nos recuerda que no basta con cumplir con las obligaciones religiosas, sino que debemos cultivar en nuestros corazones un amor profundo y sincero por Jesús.
Amar a Jesucristo significa confiar plenamente en Él, poniendo todas nuestras preocupaciones, temores y esperanzas en sus manos. Significa reconocer su divinidad y su papel como nuestro Salvador y Señor. Es a través de este amor que encontramos fuerza, consuelo y dirección en medio de las adversidades de la vida.
Al amar a Jesús, estamos llamados a seguirlo de cerca, a imitar sus enseñanzas y a vivir según sus mandamientos. Es a través de este amor que experimentamos una transformación interior que nos capacita para amar al prójimo, perdonar, ser compasivos y buscar la justicia en todos los ámbitos de la vida.
El Padre Eustáquio nos invita a poner a Jesucristo en el centro de nuestra vida, a dedicar tiempo a la oración, a la lectura de la Palabra de Dios y a la participación activa en la comunidad cristiana.
Que las palabras del Padre Eustace nos inspiren y procuremos amar a Jesucristo con todo nuestro corazón. Que esta devoción nos motive a vivir una vida de fe auténtica, a compartir el amor de Cristo con quienes nos rodean y a buscar constantemente la santidad.