En Belo Horizonte, en el Santuario de la Salud y la Paz, los fieles se reúnen a las 16:00 h para la Celebración Eucarística, seguida de una procesión por las calles del barrio. Todo se transmitirá por el Canal Padre Eustáquio en YouTube.SIGUE AQUÍ).
La procesión partirá de la calle Castigliano y continuará hasta la calle Itororó. Al girar a la derecha, los fieles se dirigirán aproximadamente al número 700, donde... primera bendición. La procesión continúa girando a la derecha por la calle Progresso hasta girar nuevamente a la derecha por la calle Riachuelo. segunda bendición La procesión comenzará cerca del número 1220 y continuará hasta girar a la derecha por la calle Curral del Rei y luego de nuevo por la calle Itororó. tercera bendición La procesión tendrá lugar cerca del número 452, frente a la Casa de las Hermanas de los Sagrados Corazones. A continuación, girará a la derecha por la calle Cesário Alvim hasta llegar a la iglesia, donde concluirá solemnemente.
Este día es uno de los más importantes para la fe católica. El Padre Eustaquio dejó numerosos escritos sobre esta devoción. En uno de ellos, el Bendito afirmó: “Nunca hay devoción más sólida que la de visitar al Santísimo Sacramento. Se cuenta que un santo varón, al que le preguntaron por qué pasaba tantas horas al pie del altar, respondió: ”Es allí donde mi espíritu se abre a un nuevo aliento y fuerza».”. Para el padre Eustaquio, visitar a Jesús debería ser una ley impuesta a los cristianos.
Él mismo alimentó esta apasionada devoción a Jesús en el Santísimo Sacramento. Este amor devoto fue percibido por todas las personas que convivieron con ese sacerdote. Esto se puede ver en un testimonio dejado por el reverendo Petrus Hoeks, capellán del Monasterio de la Preciosísima Sangre, donde el pequeño Eustace era monaguillo:
“Conocí al Padre Eustáquio entre 1912 y 1918. Era joven, de conducta intachable y poseía una piedad muy especial. Prueba de ello son sus visitas a la Capilla de la Preciosísima Sangre para rezar ante el Santísimo Sacramento expuesto. En una de estas ocasiones, me escondí tras él y observé su intenso recogimiento y fervor en la oración durante un buen rato. Me conmovió profundamente, y nunca he olvidado la devoción, el recogimiento y la profunda fe con que se comportaba el Padre Eustáquio. Me parecía que veía, con sus ojos, a Nuestro Señor en persona.”